martes, 22 de febrero de 2011

Senderismo y otras reflexiones

¡¡Lo siento!!. ¡¡No tengo tiempo para actualizar el blog!!.

Lo que peor me sabe es sacrificar la lectura. Acabo el día tan cansada que cuando ya llevo cuatro o cinco páginas leídas se me cierran los ojos, es puramente gravitatorio. Y me fastidia, porque el libro que estoy leyendo ahora, “Heredero de la Alquimia”, me está gustando mucho, lo ha escrito un amigo de mi hermano mayor.

He aquí algunos de los motivos de mi agotamiento.

Senderismo por Lucena del Cid.

Mi amigo Crow nos preparó una ruta de senderismo por Lucena (un pueblo de la provincia de Castellón). Yo estuve mareando la perdiz toda la semana: “iré sólo a andar”, “no, iré sólo a comer”, “me llevaré a Dama”, “ya no me llevo a Dama”, “no sé si iré a comer y tampoco me apetece andar”. De modo que fui con mi coche. Gran estupidez, porque al final me quedé a andar y a comer y al precio que está ahora la gasolina fue todo un despilfarro ir sola en un coche.

Pero me lo pasé genial. Últimamente tenía la sensación de socializar más con perros que con personas. Amigos míos, ¿a que vosotros también lo habíais pensado?.

El caso es que cuando conduzco más de veinte minutos seguidos me entran ganas de hacer pis. Y si estoy con la regla también. Ese día tenía la regla y había conducido, así que nada más llegar al pueblo tuve la primera urgencia. Estuve dando por saco a los demás todo el trayecto.

Consejos.

Infórmate bien de la flora local:

Hay que saber distinguir el romero de las aliagas, de lo contrario parecerá que te hayan hecho la prueba del azúcar en todos los dedos de la mano, tal y como me pasó a mi. La culpa fue de mi amiga C., que hace años me dijo este refrán: “quien pasa por el romero y no coge de él, ni ha tenido amores ni los quiere tener”.

No des conversación a extraños, ni siquiera los buenos días:

Llegados a este punto, lugar en el que pensábamos almorzar, nos encontramos a un pintor bohemio que nos estuvo dando la charla. De modo que tuvimos que avanzar un poco más y escoger otro sitio.

toll_carlos

Wc’s campestres:

Si necesitas algo de intimidad a la hora de hacer pis, nunca vayas a sitios con zarzas. Tenía que elegir entre cruzar el río por las piedras o meterme en el zarzal. No sé por qué escogí el zarzal. No hace falta que explique cómo terminó la cosa. Se me enganchó todo el cuerpo por las zarzas. Intentando salir de ese infierno, tropecé y me caí. Pensaba que no me había visto nadie pero me equivocaba, como siempre, C. tiene un ojo clínico para saber cuándo voy a rodar por el suelo. Resultado: rodillas peladas y todo el cuerpo lleno de granitos por culpa de las zarzas.

Una vez recuperada la compostura, como seguía con ganas de hacer pis, me tocó cruzar el río de piedra en piedra. Y pasó algo curioso. Eligiese el matorral que eligiese, siempre tenía de frente al pintor bohemio. ¡¡qué sitio más estratégico tenía pillado!!. Tuve que ir detrás de un “maset” (casa en mitad del campo), que resultó ser parte de la senda que recorrimos después, menos mal que soy una chica aseada y no dejé ningún residuo radioactivo.

Y como todo lo que sube, baja y viceversa, todo el trecho que bajamos tuvimos que subirlo.

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Rematamos la faena con una comida estupenda en un restaurante del pueblo. Ya se está cuajando la siguiente visita.

Dama.

Dama es en gran medida la culpable de mi agotamiento diario. Le dedico prácticamente la totalidad de mi tiempo libre. Pero es necesario, quiero adiestrarla bien.

En el club de socialización del sábado hubo una de cal y otra de arena.

Tenía que hacer una demostración de mis progresos con la orden “ven”. Delante de todos y ella sola lo hizo estupendamente. El problema vino cuando hicimos el intercambio de perros. Volvió a pasar de mí olímpicamente. No me hizo ni caso. Lo repetimos tres veces, la última sólo por ella, por intentar hacer que acudiera a mí de alguna manera. Pero no, o se iba detrás de todos los perros o se quedaba con la persona que le había tocado. ¡Qué mal!. Es la única que no vuelve con su dueño.

Otra de las actividades consistía en traer algún juguete y jugar con los perros. Yo no pude llevar ninguno. Dama se cargó el día antes el único puramente canino que tenía. Los que más le gustan no me caben en el bolso.

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miércoles, 19 de enero de 2011

De ruta por urgencias

El jueves pasado empecé a encontrarme mal. Dolor de garganta, oído y cabeza, mucha congestión y fiebre. Intenté pedir cita para mi médico de cabecera y lo más cerca que me la podían dar era para el miércoles siguiente. No la cogí. “Si mañana estoy peor, me pasaré por urgencias”, pensé.

Y, efectivamente, el viernes estaba peor. Cuando salí del trabajo me acerqué a urgencias. Ya sé que no les gusta que utilicemos las urgencias para casos así, pero ¿qué iba a hacer? ¿estar así cinco días?.

- ¿Qué le pasa?

Explicación completa. No me auscultó, únicamente me miró la garganta y los oídos.

- ¿Le han operado las amígdalas?

- No. ¿Por qué?.

- Pues no se le ven.

- ¿Y eso es malo?

Silencio.

Silencio y recetas. Ni un consejo, ni una explicación, nada. Amoxicilina, ibuprofeno y paracetamol.

Hice reposo todo el fin de semana y tomé los medicamentos puntualmente, pero la fiebre no bajaba.

El domingo intenté de nuevo pedir cita para el médico de cabecera. Esta vez era el jueves lo más cercano. Lo cogí, aunque ya sabía que no aguantaría.

El lunes lo pasé fatal en el trabajo. No había manera de que me bajara la fiebre. Mínimo 38º y máximo, mejor no saberlo. Todo el día con temblores. De modo que salí un poco antes para intentar colarme en el turno de mi médico de cabecera, que visita los lunes por la tarde.

Me acerqué al mostrador y le expliqué mi caso. No me hizo falta exagerar, casi no me tenía en pie, pero ni con esas dio resultado.

- Me parece muy bien pero no te puedo colar. Sin cita no hay visita. Si tan mal dices que estás, da la vuelta y entra a urgencias por ese pasillo, que ya están atendiendo ¿vale?. Siguiente.

Así que otra vez a urgencias.

Me atendió otra doctora.

- ¿Y dices que no te ha bajado la fiebre?

- No. Bueno, a lo mejor me ha bajado algo pero luego ha vuelto con más fuerza.

- ¿Pero te estás tomando todo lo que te recetamos?

- Sí. Por eso he venido, no creo que sea normal no bajar de 38º en cuatro días.

- No, y no lo es. Te tienes que ir al Hospital de La Plana en Vila-real y que te hagan una analítica, ya te estoy rellenando los papeles.

- ¿Qué?. Bueno, tengo cita el jueves con mi médico de cabecera, creo que esperaré.

- Mira, no puedo obligarte a que vayas, pero yo no esperaría. Tienes el hospital a cinco minutos y con este papel te atenderán pronto. Ve, en serio, es lo mejor.

Con el susto todavía en el cuerpo me fui a casa. Pero claro, fue contárselo a mi madre y mandarnos a mi padre y a mi de caminito al hospital.

Tenía razón la doctora. Me atendieron enseguida. Tuvieron que abrirme ficha porque no había estado nunca como paciente. Seguro que se me notaba en la cara.

Una vez más expliqué todo el caso a otra doctora, por cierto, amabilísima.

- Muy bien Verónica. Quédate en el box un ratito y ahora vendrá una enfermera a sacarte sangre. Y no te preocupes.

Y no me preocupé. Me quedé tan campante jugueteando con la BlackBerry. Pensaba que sería algo rapidito, como los análisis de la empresa. ¡Ja!. ¡Qué equivocada estaba!.

Entró una enfermera con un carrito.

- ¿Verónica?

- Sí, soy yo.

- Ah. Pues súbete a la camilla, que te tengo que sacar sangre.

- Hecho.

Me arremangué las mangas pero vi que me toqueteaba las manos. “¡¡No!!. ¿no me irá a pinchar en la mano?”, pensé. Pues sí, en la mano me pinchó. Me sacó sangre y me dejo la vía puesta. Creo que no me desmayé del mismo susto.

- Te dejo la vía puesta por si te tienen que poner antibiótico, y ahora, dame el otro brazo que también te tengo que sacar sangre de ahí.

- ¿Otra vez?

- Sí, es que sabes…

Bajó un poco el tono de voz, se me acercó y me dijo:

-Te han mandado hacer un montón de pruebas…

¡¡¡¡WARNING, WARNING, WARNING!!!!

¿Habéis utilizado alguna vez la expresión “uy, si me pinchan ahora no me encuentran las venas”?. Eso es lo que me pasó. Me desaparecieron las venas del brazo.

- Qué raro, ya no se te ve la vena. Te voy a tener que pinchar en la mano.

Pero ¿qué esperaba?. Sé que no lo dijo con mala intención, más bien todo lo contario, como diciendo, “uy han puesto mucho interés en tu caso, no es normal”. Pero a una persona que jamás ha pisado un hospital no se le puede decir algo así. En un momento pasaron por mi cabeza endoscopias, laparoscopias, lavativas, tags, resonancias… lo que yo entiendo por un montón de pruebas.

Finalmente no fueron tantas. Análisis de sangre, orina y esputo y radiografías.

Lo peor fue vestirme y desvestirme con las dos manos inutilizadas, una de ellas con la vía puesta. Qué horror.

Tampoco tardaron mucho en darme los resultados. Quedó descartada la neumonía.

- Nada Verónica, ha salido todo bien. Es vírico. Un gripazo, ¡pero qué gripazo!. Aquí tienes los papeles para tu médico de cabecera y por favor, si el viernes no te ha bajado la fiebre vuelve a pasar por aquí. Ahora te quitan la vía, que veo que no le pones muy buena cara.

- Vale, muchísimas gracias por todo. ¡Espero no tener que volver!

Me quitaron la vía, me fui a casa y descansé.

Mi teoría y la de mis padres es que no sólo quisieron descartar la neumonía. Tanto despilfarro de medios y tanta urgencia por atenderme sonó algo raro. Creo que también hubo algo de temor a que fuera un brote de gripe A o algo similar, porque ¿a quién mandan a un hospital de urgencia por una simple gripe?.

A las nueve del día siguiente ya estaba en el ambulatorio intentando conseguir cita con mi médico de cabecera. Pensaba que con los papeles del hospital iba a ser pan comido y una vez más, me equivoqué.

- Mira, lo siento, no te podemos colar. Lo único que puedes hacer es venir a las once y media que es cuando él atiende guardias y que te vea.

Volví a las once y media, pero no me atendió mi médico de cabecera. Me atendió un “niñato” al que pareció molestar que mi “urgencia” fuera esa, hacerme las recetas y el justificante para la empresa. Por supuesto, no me dio la baja.

Así que mañana vuelvo al trabajo. Hoy ya no he tenido fiebre, pero tampoco se puede decir que esté bien. Me noto sin fuerzas, el mínimo esfuerzo me deja exhausta. Espero no tener una recaída, porque aunque ahora me río, lo he pasado bastante mal.

Lo que sí tengo claro es que voy a pedir que me cambien el médico de cabecera. Quiero uno que me pueda atender cuando lo necesite, no una semana después. Porque en realidad, ese ha sido el verdadero problema.